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50 años de Pepe Carvalho, el detective más icónico de España

La primera vez que Manuel Vázquez Montalbán perfiló a Pepe Carvalho lo presentó como un superagente de la CIA de origen gallego que trabajaba como guardaespaldas de John F. Kennedy poco antes de su asesinato. Exmiembro del Partido Comunista de España, el detective más famoso de la literatura española llegaba así a nuestras vidas hace 50 años con una velada confesión a modo de título: Yo maté a Kennedy. Reflejo de “un mundo irreal que venía de la empanada mental que vivíamos”, según afirmó el escritor. Allí cabía de todo: “poemas, textos de vanguardia, influencia del cómic y del cine… Era un maremágnum que reflejaba la descomposición de la novela que creíamos que estábamos viviendo”. Era por supuesto, un ajuste de cuentas con la España tardofranquista que tan de cerca conoció Vázquez Montalbán. Desde entonces, aquel detective atípico, con seductoras contradicciones, amante de la cocina y aficionado a quemar libros, jamás abandonó al novelista hasta convertirse en todo un referente del género en España y el resto del mundo. 

Sin embargo, aquel Pepe Carvalho primerizo no era del todo Pepe Carvalho. “No lo es porque no usa muchos de los códigos de la novela negra o policiaca que el autor usará después ni aparecen los personajes que pasan a la historia del ciclo”, explica el también escritor Miqui Otero, que ha prologado una edición especial de aquel primer título, recuperado ahora por su 50 aniversario. Tampoco lo es porque, por ejemplo, “aún no cocina ni quema libros”, aunque sí que los apila, advierte. “Es decir, no hace muchas de las cosas que influirán en acabar de perfilar y afinar el personaje tal y como ha pasado a la historia y tal y como lo conocemos. Eso es la parte del no era. Pero la parte del era también late ahí. Es un embrión experimental, diferente, muy pop, de algunos de los temas que luego desarrollará el escritor”. 

Un Maigret a la española

Poeta, novelista, ensayista y periodista, Manuel Vázquez Montalbán tenía poco más de 30 años cuando creó a su emblemático protagonista. Lo hizo, en parte, guiado por una especie de apuesta o de reto con otro grande del género, Georges Simenon. “Carvalho nace de Maigret —cuenta Otero—. Creo que es su suegro quien le dice que gracias a las novelas del detective, Simenon se ha comprado un castillo en Suiza”. Así que el escritor se comprometió a inventar un personaje e igualar aquella proeza. Eso sí, “finalmente no se compra el castillo en Suiza, sino que se compra una casa en el Ampurdán catalán, que es como su castillo”, bromea.

Más allá de la anécdota, fueron aquellas novelas las que le convirtieron en un autor transfronterizo. “Vázquez Montalbán estaba publicando y escribiendo todo el rato. Aún ahora cuando hay cualquier tipo de debate, la gente se pregunta qué opinaría él. Esto tiene que ver con que era un autor que no desaparecía, que estaba muy presente entre los lectores, en forma de artículos, ensayos, poemarios o novelas. Pero de entre toda esta obra sospecho que la mayoría de la gente, especialmente en otros países europeos, lo conoce sobre todo por el detective. Carvalho es el que le da el lector popular y por el que es recordado fuera. Ahora que están traduciendo mi última novela —Simón (Blackie Books, 2020)— en algunos países de Europa, me preguntan por él todo el rato y, cuando lo hacen, me preguntan por Carvalho”, sostiene.

No en vano, como recuerda otro clásico del género negro contemporáneo, Pierre Lemaitre, en su reciente Diccionario apasionado de novela negra: “Pepe Carvalho ha entrado definitivamente en el panteón internacional de los héroes de la novela policíaca junto con Marlowe, Wallander y Maigret”.

Pero la importancia de esta saga que dio popularidad a Vázquez Montalbán probablemente resida también en que, a partir de una novela aparentemente de aventuras o policíaca, el escritor explicó toda la realidad social de las últimas décadas de España. “Hizo una especie de Episodios Nacionales galdosianos. Muchos de los temas que le inquietaban los analizaba a través del detective”, explica Otero. Desde el boom urbanístico hasta la cara B de la Barcelona olímpica o el declive del Partido Comunista, “Carvalho es un personaje que ya nace desencantado —describe—. Él ya se define aquí como expolicía, exmarxista y gourmet. Yo sospecho que este personaje era lo que utilizaba Vázquez Montalbán también cuando estaba harto de su compromiso con el debate público y su ideología. Para ello creó a este detective que se toma las cosas con más distancia”.

Carvalho, pionero del noir español 

¿Y dentro del género, qué importancia tuvo? Cuando el detective irrumpe en la escena literaria española “ya había novelas policíacas —reconoce Otero—, aunque quizás no eran tan populares. Porque hay algo que todo el mundo sabe —ironiza— y es que en el franquismo no existían crímenes ni corrupción política, entonces era difícil que hubiera determinado tipo de novela negra social o incluso de policiaco al uso”. En este sentido, subraya, Vázquez Montalbán “explica la memoria sentimental de España”. 

“El carácter del Barça como club es casi una invención del escritor, que no solo hace crónica, sino que ayuda a dar sentido a una realidad, y en el caso del detective es algo similar –apunta–. Tampoco soy un especialista en novela policiaca, pero en el caso de este detective sí que me emociona que sea gourmet, que le guste tanto la cocina, porque esto tiene que ver con un autor que crece en la miseria de un barrio de vencidos en la guerra, que es El Raval, y que el primer alimento que recuerda son las aceitunas negras y un trozo de pan o que la comida más exótica para él son unos calamares a la romana que le descubre un día su padre cuando ya era un niño más mayor. Eso perfila a este personaje. En paralelo, eso le pasa a todo el país que va, de algún modo, saliendo de la miseria”. En ese sentido, apunta, “Carvalho sirve muy bien para explicar varias décadas de la historia española y para hacerlo a través de los códigos de la novela policiaca”.

En cuanto a su personaje, reflexiona el experto, “cuando analizas la evolución en la figura del detective a lo largo de las últimas décadas, el español está ahí. Es decir, le dio una cosa corporal, una sensualidad como mediterránea, unos apetitos y unos deseos, un activismo político o exactivismo político, que yo creo que son aportaciones del personaje. Y creo que eso ha influido en otras novelas y en otras narrativas que tienen que ver con el género hechas también incluso en otros países”. 

“Siempre se asociaba la novela de misterio inglesa, por ejemplo, al enigma: quién ha matado a la duquesa con el jarrón de cristal —continúa—. Se ocupaban poco de la sociedad. Aunque a mí me encantan, son como máquinas de euforia esas novelas, son perfectas. Y en cambio la americana hace que el detective baje a la calle, no importa tanto encontrar al asesino y resolver el misterio, sino explicar qué puede llevar a alguien a asesinar y la figura del detective está en un paso intermedio entre la ley y la delincuencia. Es un héroe de frontera que juega entre estos dos sitios. Y yo creo que Carvalho es un paso más en esa figura del detective contradictoria, que tiene sus propios problemas, que es compleja, que vas descubriendo a medida que avanza”.

La resurrección del detective

Y, aún hoy, avanza. Tras la inesperada muerte del escritor en 2003, otro gran amante de la novela negra, Carlos Zanón, se atrevió a continuar con su saga. “Era muy difícil hacerlo —reconoce Otero—. Con todos estos personajes siempre hay pastiches y siempre es complicadísimo porque hay una tensión entre la personalidad del autor en el que recae la tarea y la fidelidad al personaje. Esto es muy complicado porque tiene que ver con el respeto al autor y con la necesidad de no traicionarte ni intentar ser cómo el ventrílocuo que quiere hacer hablar a Vázquez Montalbán”, calibra Otero. 

“Me pareció muy valiente. Yo creo que hizo un montón de cosas muy inteligentes. Y luego está, además, el hecho de que es una novela de Carlos Zanón. Es decir, no renunció a hacer una novela muy suya. De alguna manera, forma parte del canon, no es como el típico ejercicio al margen, yo lo incluiría en todas las novelas del ciclo. Hay que felicitarle porque no era nada fácil”, concluye el escritor.

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