¡Suscríbete a nuestra Newsletter y recibe todas las novedades!

Aquí vivió un escritor: las casas-museo españolas más literarias

Del rincón donde Miguel de Cervantes se inspiró para crear a don Quijote a la biblioteca de Miguel de Unamuno, el huerto de Lope de Vega, la habitación donde nació Ramón María del Valle-Inclán o el salón donde Emilia Pardo Bazán celebraba sus tertulias, entramos hasta la cocina de los escritores para recuperar su espíritu literario convertido en obra de arte. Hoy, 18 de mayo, cuando se celebra el Día Internacional de los Museos bajo el lema “El poder de los museos”, viajamos a través de estas estancias para hacer un recorrido en el tiempo y la vida de nuestros autores más célebres.

Y es que, además de la Residencia de Estudiantes, por donde pasaron  algunas de las figuras más destacadas de la cultura española como Federico García Lorca, Salvador Dalí, Luis Buñuel y Severo Ochoa, o el Museo del Romanticismo que recrea la vida cotidiana y las costumbres de la alta burguesía durante este periodo y en cuyas estancias se conservan objetos pertenecientes a Mariano José de Larra, José de Zorrilla o Juan Ramón Jiménez, existe todo un recorrido por el mapa geográfico español de casas-museo que evocan el espíritu de varias épocas y de nuestros principales intelectuales y autores.

Ecos de vidas como la de José Zorrilla y su paso por la Casa Museo de Valladolid, donde nació el poeta y dramaturgo romántico en febrero de 1817 y que conserva las habitaciones, salones, comedor y escritorio que ocuparon su primera infancia, hasta 1824; o la vida cotidiana de Gabriel y Galán en su hogar de Guijo de Granadilla, con objetos personales o evocaciones de algunas de sus poesías más conocidas como El embargo.

Tras las huellas de los grandes gallegos

Autor clave de la literatura española del siglo XX, Valle-Inclán nació en 1866 en la Casa de O Cuadrante en Vilanova de Arousa, que hoy alberga una exposición permanente que recorre su vida, así como las primeras ediciones de sus libros y documentos. Dueño de un espíritu inquieto y viajero, fue tras el regreso de su primer viaje transatlántico a las Américas cuando vivió en un hermoso palacete situado en Pobra do Caramiñal. 

“Mi casa de las Torres de Bermúdez es la casa más bonita de la ciudad, muy siglo XVI, muy genuina arquitectónicamente, con unas gárgolas hermosas. Todo de estilo renacimiento”, escribió en una ocasión. Herencia familiar por parte paterna, construido entre 1540 y 1545, el escritor siempre manifestó su debilidad por este hogar, que vendió en 1898 después de trasladarse a Madrid. Declarado monumento histórico-artístico de carácter nacional en 1976 fue inaugurado como museo en 1987 y allí se conservan primeras ediciones de los libros del autor de Luces de Bohemia, manuscritos originales, fotografías y objetos de época. 

También en Galicia, encontramos la Casa Museo de Rosalía de Castro. Situada en A Matanza (Padrón), bajo este techo la célebre poeta vivió hasta su muerte junto a su marido, el también escritor Manuel Murguía y sus hijos. En homenaje a la escritora, un pequeño jardín da paso a este encantador lugar que recrea una casa rural de la época, entre labradora e hidalga, con una cocina, comedor, dos dormitorios y biblioteca, al tiempo que evoca la importancia de su obra literaria. 

Sin salir de la provincia de A Coruña, pero ahora en su capital, hallamos el hogar de otra célebre literata gallega, Emilia Pardo Bazán. Nacida en 1851, los padres de la escritora se mudaron cuatro años después a un edificio del siglo XVIII, situado en la calle Tabernas, 11. Recuerdo de su infancia y juventud, entre estas habitaciones, donde permaneció incluso después de casada, escribió  la mayoría de sus novelas y celebró sus famosas tertulias de los jueves, además de grandes fiestas, como la realizada en honor a Unamuno. Hoy, su visita evoca el espíritu literario de esta época a través del mobiliario, las obras de arte, los libros y demás objetos personales de la autora de Los pazos de Ulloa.

Galdós y Unamuno, dos viejos amigos

Pareja de Pardo Bazán y eminente escritor, hasta Canarias tenemos que viajar para encontrar la Casa-Museo de otro de los grandes autores españoles, Benito Pérez Galdós. Situada en el número 6 de la calle Cano, en este edificio de finales del siglo XVIII y principios del XIX nació el autor de los Episodios Nacionales o Fortuna y Jacinta en 1843 y allí vivió hasta que cumplió los 19 años y fue a probar suerte en Madrid. Ejemplo de arquitectura tradicional canaria, el inmueble alberga piezas únicas como el retrato de Pérez Galdós que pintó Joaquín Sorolla, su biblioteca personal, documentación original y el mobiliario y otros objetos que formaron parte de su vida a lo largo de los tres hogares que habitó en Las Palmas de Gran Canaria, Madrid y Santander. 

Del círculo de amigos de Pardo Bazán y Pérez Galdós fue otro gran intelectual español, Miguel de Unamuno, al que también se le han dedicado varios museos que evocan su vida. El primero de ellos, la Casa Museo Unamuno, que fue construida a mediados del siglo XVIII como residencia de los futuros rectores de la Universidad de Salamanca. Situada en la actual calle Libreros de la ciudad, bajo su techo vivió el escritor con su mujer e hijos de 1900 a 1914, año en que fue cesado de su cargo. Fue allí donde escribió algunas de sus obras más famosas como Vida de Don Quijote y Sancho, Poesías o Niebla. Hoy, además de manuscritos, artículos periodísticos, correspondencia, fotografías y dibujos, esta estancia conserva su biblioteca personal, con cerca de 6.000 volúmenes, donados por el propio Unamuno a la Universidad poco antes de morir. 

Tras su paso por Salamanca, y debido a sus constantes ataques al rey Alfonso XIII y a Miguel Primo de Rivera, el escritor fue desterrado a Fuerteventura, donde viviría unos meses, de marzo a junio de 1924. Allí ocupó una casa del siglo XIX que hoy también es un pequeño museo, en honor al intelectual, que recrea sus habitaciones, la cocina o el salón donde trabajaba. 

Por su parte, situada en el límite meridional del barrio de Cimadevilla, intramuros de la ciudadela romano-medieval de Gijón, llegamos al hogar de uno de los hombres más representativos de la Ilustración española. Filósofo, literato, jurista y político, Gaspar Melchor de Jovellanos nació en 1744 entre las paredes de este lugar que desde 1971 se ha convertido en un museo, uno de los edificios señoriales más antiguos de la ciudad. En él se conserva parte del mobiliario original y obras pictóricas de la colección personal del intelectual ilustrado, además de albergar exposiciones y documentación relacionada con la vida y obra del escritor.

Casas con versos: Miguel Hernández, Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez

Viajando hacia el sur, seguimos los pasos de uno de nuestros poetas más relevantes. “Paraíso local, creación postrera, /si breve de mi casa; /sitiado abril, tapiada primavera, /donde mi vida pasa/ calmándole la sed cuando le abrasa”, compuso Miguel Hernández, apoyado en la higuera donde solía sentarse a escribir, sobre el huerto de su casa de Orihuela, que hoy evoca su presencia, y donde vivió junto a sus padres y hermanos desde 1914 hasta 1934, fecha en que se fue a Madrid. Su Casa Museo está ubicada en la c/ Miguel Hernández de la localidad alicantina.

De los versos de Miguel Hernández a los de Federico García Lorca. Nacido el 5 de junio de 1898, el poeta granadino pasó su infancia en la casa de Fuente Vaqueros. Construida en 1880, fue inaugurada como espacio museístico en 1986 con el objetivo de mantener viva la memoria del autor de Poeta en Nueva York. Después de esta primera infancia, la familia de Lorca se trasladó a Valderrubio, de 1905 a 1909, a la calle Iglesia donde hoy se conserva una casa tradicional de labranza, con dos plantas que evoca los años de aquella segunda infancia, y que pasaría a convertirse en la casa de verano hasta 1925, fecha en que la familia empezaría a transitar la casa de campo de la Huerta de San Vicente, hoy también museo.  Allí, el poeta empezó a escribir obras como Yerma, Bodas de sangre o el Romancero gitano.

A su época en Valderrubio pertenece, sin embargo, otro de sus célebres títulos, La casa de Bernarda Alba. Fue en el pozo que compartían las casas de Francisca Alba Sierra, Frasquita Alba, y su tía Matilde, donde el poeta empezó a imaginar esta pieza, estrenada en 1945 en Buenos Aires. Situada hoy en la calle Real de la localidad, el inmueble se puede visitar desde 2018.

Y de Valderrubio a Moguer. “Aquí, en esta casa grande, hoy cuartel de la guardia civil, nací yo, Platero. ¡Cómo me gustaba de niño y qué rico me parecía este pobre balcón mudéjar a lo maestro Garfia, con sus estrellas de cristales de colores!…”, escribió Juan Ramón Jiménez en su célebre obra sobre el asno. El poeta nació el 23 de diciembre de 1881 en Moguer y su casa natal está proclamada Bien de Interés Cultural desde 2015.

Sin embargo, la mayor parte de su juventud la pasó el Premio Nobel de Literatura en la hoy conocida como Casa Museo Zenobia-Juan Ramón Jiménez. En esta construcción típica andaluza de finales del siglo XVIII vivió el poeta con su familia hasta cumplir los 20 años, cuando, tras la muerte de su padre, se marchó a Madrid. La institución, que en el presente se encarga de la gestión del museo, de la conservación del legado juanramoniano y de la promoción de las actividades encaminadas a la difusión de la vida y obra del matrimonio, fue apoyada por los propios Juan Ramón y Zenobia, ya en el exilio, manifestando su entusiasmo por la creación de este lugar, al que poeta llegó a donar parte de la dotación de su Premio Nobel ganado en 1956, además de muebles, libros, documentos y objetos personales.

Pero el recorrido por la vida del creador de Platero no termina aún. Y es que, tras su regreso de Madrid, el poeta se instaló junto a su madre y su hermana en la casa de la calle de la Aceña, también en Moguer, donde vivió entre 1905 y 1912. Marcado por la ruina económica, este periodo fue especialmente productivo para Juan Ramón Jiménez, donde se calcula que llegó a escribir hasta veintitrés libros.

Las casas de Cervantes, una vida transformada en museo

En el Día Internacional de los Museos, que se celebra desde 1977 con el objetivo de concienciar sobre la importancia de estas instituciones para el intercambio cultural, no podían faltar tampoco las huellas del escritor más universal en lengua hispana. Desde los primeros pasos de Miguel de Cervantes hasta los últimos, el eco de la esencia de su vida permanece también en los rincones de las casas que habitó. Cervantes fue, como su don Quijote, un viajero, y, como resultado de ese espíritu inquieto, varios museos evocan hoy la huella que su paso dejó impresa en buena parte de la geografía española

Nacido el 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares, la Casa Natal de Cervantes se encuentra hoy en día situada en el casco histórico de la localidad madrileña, junto al antiguo Hospital de Antezana, donde se cree que trabajó su padre, Rodrigo de Cervantes, y en la misma ubicación donde se estima que vivió la familia del escritor. Inaugurado en 1956 como museo y biblioteca, el edificio atesora para su exposición varias ediciones cervantinas de distintas épocas e idiomas y recrea los usos y costumbres de la vida en los siglos XVI y XVII, al tiempo que reconstruye los primeros años del pequeño Cervantes.

Fue ya una vez adulto, tras su viaje a Italia, su participación en la batalla de Lepanto y su cautiverio en Argel, además de su paso por Portugal y Andalucía —donde se cuenta que se hospedó como recaudador del Estado para la Gran Armada de Felipe III en la Casa Cervantes de Vélez (Málaga)—, cuando el escritor viajó al pueblo toledano de Esquivias. Lo hizo por encargo de doña Juana Gaytán para la publicación del Cancionero de su difunto marido, Pedro Láinez. Allí, conoció y se casó en 1584 con Catalina de Salazar y Palacios. El matrimonio, no del todo bien avenido, vivió durante cerca de veinte años en la hacienda de un pariente lejano de su esposa, hoy convertida en el Museo Casa de Cervantes. 

Típica mansión de labrador acomodado del siglo XVI con dos plantas y patio, esta construcción perteneció a un rico terrateniente, el hidalgo Don Alonso de Quijada de Salazar, en quien, según algunos biógrafos cervantinos, se inspiró el escritor para la creación de su emblemático personaje. Inaugurada en 1994 como museo, 86 ediciones en diferentes idiomas de El Quijote se exhiben en las vitrinas de esta casa que, cada año, celebra la Lectura Universal de este inmortal título con una treintena de embajadores de los cinco continentes. 

A la sombra de la Corte

Tras su paso por Esquivias, siempre presente en la vida de Cervantes, el escritor se instaló entre 1604 y 1606 en Valladolid, siguiendo a la Corte Real de Felipe III.  Su estancia en la villa castellana coincidió con la publicación en 1605 de la primera parte del hoy universal El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y con la escritura de El coloquio de los perros, El licenciado Vidriera o La ilustre fregona, además de con el comienzo de la segunda parte de su gran obra.

Instalado a su llegada en una de las casas —la número 9— construidas por el arquitecto Juan de las Navas en 1601 en la antigua calle del Rastro de los Carneros, hoy cuatro de estas moradas conforman el museo que lleva su nombre. Fundado en 1948, aunque ya desde 1916 se permitía visitar algunas de sus estancias, así como una biblioteca, esta casa, gestionada por el Ministerio de Cultura, se compone de seis salas que recrean el estilo de la vida de la época, y ofrece jornadas literarias todos los meses, además del homenaje anual al literato cada 23 de abril. 

En 1606, Cervantes abandonó Valladolid para trasladarse, una vez más junto a la Corte, a Madrid, donde vivió en diferentes moradas del barrio de Atocha, en lo que se conoció durante el siglo XVII como barrio de las Musas. La última estancia donde vivió, hasta su muerte en abril de 1616, estaba ubicada en la calle del León, en la esquina con Francos —hoy, cómo no, calle Cervantes—. Lamentablemente, y a pesar del intento de Fernando VII para impedirlo, en 1833 el propietario del inmueble, don Luis Franco, decidió derribarla para edificar una nueva. En su lugar, solo permanece hoy el busto del escritor y una inscripción que rememora su estancia allí hasta sus últimos días.

Es en esta misma calle, muy cerca de la placa del escritor, se sitúa hoy la que fuera casa de uno de los poetas y dramaturgos más importantes del Siglo de Oro español. Conocida es la enemistad entre Lope de Vega y Cervantes, del que llegó a escribir el primero: “De poetas no digo: buen siglo es éste. Muchos están en ciernes para el año que viene; pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a don Quijote». 

Paradójicamente, como recuerdan en la Casa Museo que albergó al poeta, esta instancia se sitúa en la calle Cervantes, donde Lope de Vega vivió los últimos 25 años de su vida y de la que hoy permanece hasta un pequeño jardín. Construida en 1578, el poeta y dramaturgo la compró en 1610 por 9.000 reales, allí escribió algunos de sus textos más notables y allí sufrió algunas de sus mayores pérdidas como la muerte de su hijo Carlos Félix, o de sus parejas Juana de Guardo y Marta de Nevares. Desde 1935, es conservada como monumento histórico.

El universo del Quijote en museo

Pero además de estos espacios que evocan la época, vida y obra de Miguel de Cervantes, y aunque no hay mejor recreación para un autor que sumergirse en sus propios libros, otros lugares nos acercan a la esencia del escritor. Uno de ellos es el Museo Casa de Dulcinea del Toboso, que mantiene parte de su estructura original del siglo XVI con sus diversas dependencias manchegas como el molino, la bodega, los patios o los corrales. Ubicado en El Toboso (Toledo), localidad donde vivió la familia de Zarco de Morales, a la que pertenecía Doña Ana, figura que inspiró el personaje de Dulcinea, y a la que hace honor la institución. 

Por su parte, otro museo manchego, el Museo del Quijote – Biblioteca Cervantina de Ciudad Real, está dedicado a la figura del ingenioso hidalgo. Este centro combina exposiciones de obras de arte relacionadas con el universo cervantino con montajes multimedia que nos remontan al siglo XVI. La biblioteca permite la consulta de una colección especializada sobre la vida y obra de Cervantes, con más de 4.000 ejemplares, entre los que se encuentran 400 ediciones diferentes de El Quijote, particularmente de los siglos XVIII y XIX hasta la actualidad. 

¡Suscríbete a nuestra Newsletter!

Recibe todas las novedades de la Feria del Libro de Fráncfort.