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Carlos Pardo, un recorrido por la poesía desde la biblioteca Eugenio Trías

El programa literario de la Feria de 2021 incluirá una serie de recorridos entre los que se incluye un recorrido por la poesía y en esta edición el poeta Carlos Pardo compartirá sus impresiones sobre una selección de poetas. 

A través de su selección aspiramos a dar a ofrecer a la audiencia internacional una muestra de la potencia e interés de la poesía española actual. Más abajo anticipamos un resumen de la selección que presentará durante la semana de la próxima Feria e invitamos a todos los lectores españoles e internacionales a descubrirla.

Selección de poemas y texto: Carlos Pardo

Elena Medel (1985), Un día negro en la casa de la mentira

Desde que con apenas diecisiete años publicara su primer libro de poemas, Mi primer bikini, Elena Medel se ha convertido en una de las poetas más influyentes de la nueva poesía escrita en español. Con un ritmo abierto a músicas nuevas (un verso libre con un gran oído musical), imágenes osadas e irracionales y la capacidad de repensar desde un femenino plural algunas de las experiencias claves contemporáneas.

Olvido García Valdés (1950), Confía en la gracia

Olvido García Valdés pertenece a la estirpe de poetas que hacen de la poesía en un órgano de conocimiento, una razón superior a la propia lógica, siempre sospechosa con los pliegues de las palabras. Maestra de poetas que se quieren exploradores de terrenos inciertos, traductora de Bernard Noël, Pasolini o Tsvietaieva, su poesía ha ido acercando una profunda crítica del lenguaje (de aquello que puede apresar el lenguaje) a los pequeños detalles de la vida cotidiana.

Chus Pato (1955), Poesía reunida, traducción de Ana Gorría

La poesía escrita en gallego está en el origen de lo que hemos decidido llamar imprecisamente “poesía española”, desde la Edad Media, pero también es una de las más renovadoras de actual panorama de las lenguas del estado. Entre las poetas gallegas, Chus Pato es la más influyente, por una poesía que siempre se ha querido al margen de escuelas y grupos, pero entroncada con una tradición universal de poesía, con un pensamiento mítico. Una de las voces inconfundibles de la poesía europea del último cuarto de siglo.

Jorge Gimeno (1964), Barca llamada Every

Poeta de culto que publicó su primer libro pasados los cuarenta años, pero también traductor que ensancha las tradiciones que toca (de Paul Jean Toulet, los barrocos franceses o una novísima Divina Comedia), Jorge Gimeno aúna inteligencia, un poderoso humor y una rarísima capacidad de mantenerse siempre, poéticamente hablando, ingenuo (joven). Por eso la suya es una de las más rigurosas y mágicas experiencias recientes de la poesía en lengua española.

Mariano Peyrou (1971), El año del cangrejo o Posibilidades en la sombra

Mariano Peyrou muta en cada libro. Tiene temor a repetirse o caer en el cliché. Pero esto, lejos de volver  su poesía un juego pirotécnico, la ha vuelto cada vez más emocionante y verdadera. E incluso más sentimental, si fuéramos capaces de pensar esta palabra como una voluntaria vulnerabilidad del conocimiento. 

Berta García Faet (1988), Los salmos fosforitos

Los salmos fosforitos revolucionó la más joven poesía escrita en español, pero no sólo en este lado del Atlántico. El descaro de García Faet, una de las grandes teóricas de la poesía actual, le permitía llevarse al clásico de la vanguardia por excelencia, Trilce, de César Vallejo, a un nuevo terreno de la novedad era poesible: entre la experienca biográfica y la pura (y disparatada) experiencia lingüística. Por eso este divertidísimo libro es también una defensa de las virtudes anacrónicas de la poesía: de cómo en aquello que creemos olvidado o clasificado, vive todavía la capacidad de subversión.

Carlos Bueno Vera (1984), Las indagaciones

Bueno Vera se incribe en la tradición del gran poema en prosa del siglo XX (de Saint John Perse a John Ashbery), pero lo hace con una rara originalidad, una cadencia profundamente imbricada con la memoria de las palabras (del idioma español y de su historia larvada) y con la confianza en que la mejor poesía de hoy (y quizá la mejor literatura) pertenece siempre a otro género literario: a aquel que inventa el propio libro.

Aurora Luque (1962), Gavieras

Tarductora de lírica arcaica griega, de una influyente versión de Safo, Aurora Luque ha sostenido sus versos en aquello que la tradición tenía de más libre y radical, de menos domesticado. Por eso sus moldes (siempre ricos métricamente, juguetones y con una dificilísima apariencia de naturalidad, hasta de coloquialismo) le han pertmitido captar el mundo del siglo XXI como pocas veces se ha logrado en un poema: con sus propagandas y sus modas, pero también su humor y su compromiso político.

Juan Andrés García Román (1978), Poesía fantástica

Hijo de músico y dotado de un raro oído, también de un inusual sentido de la composición que le lleva a combinar varias voces (varios yoes) en un poema, Juan Andrés García Román es un poeta que no puede parecerse a nadie. Y sin embargo, su poesía viene directamente de la poesía romántica alemana, también Rilke y de Paul Celan, a quienes ha traducido. Pero trasladados a una hermosa ironía contemporánea, que se quiere trágica y vulnerable (siempre a favor de la ingenuidad) que sabionda. Un poeta con un sentido mágico de la creación de imágenes.

Manuel Vilas (1962), Roma 

Como los poetas anteriores, podemos decir que Manuel Vilas sólo es comprensible desde la perspectiva de una tradición universal (esa que hermana a Whitman con Lorca y Leonard Cohen, pero también a la canción española con Johnny Cash), pero su tema, de una manera u otra, siempre es España. O mejor dicho, la extrañeza bienhumorada y triste de pertenecer a un país producto de sucesivos borrados de memoria, pero con una callada y superviviente vitalidad popular. Roma, paradójicamente escrito durante una larga estancia en Italia, son también los ojos de un transterrado. Y unas hilarantes dosis de mistificación y de embellecimiento que no ocultan una amargura radical.