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Editores: los padrinos del libro

En el primer capítulo de su libro Un día en la vida de un editor, el fundador de Anagrama, Jorge Herralde desmenuzaba con una detallada descripción un día cualquiera en su vida. Llamadas con autores, agentes, periodistas o colegas, reuniones, cruces de correos, ruedas de prensa, más reuniones, más llamadas, presentaciones de libros, revisiones de textos… “Este es el menú de los días laborables —escribe—. Los fines de semana, si logro eludir compromisos, no salgo de casa. Como máximo algún sábado por la mañana paseo por librerías y salas de exposiciones. Entonces es cuando leo manuscritos, bolígrafo en mano y con todo el tiempo por delante”. 

Herralde coincidiría con Emilio Albi cuando afirma que cree que no existe un “día tipo” en el oficio. “Es una de sus virtudes”, señala este. Para el editor de Ariel, hablar de una jornada en su profesión es “hablar de muchos mails, vídeollamadas, cafés o comidas con autores —o posibles autores—, consultas con los compañeros de diseño, de prensa o de marketing, reuniones varias, comités y, a veces, si hay suerte, algo de lectura. Desde un punto de vista más abstracto —concede— el día a día de un editor suele ser frenético, entretenido, en ocasiones divertido, y muy variado”.

Un tercer intento de definición lo hace Alberto Marcos, editor de Plaza&Janés. “Mi día a día, implica, por un lado, buscar proyectos. En mi caso busco libros que encajen dentro del sello en el que estoy. Eso supone estar leyendo manuscritos o pendiente de buscar voces que puedan ser interesantes para el sello y perfilar su contratación. Luego la otra parte se centra en lo que supone el trabajo de esos manuscritos y sus correcciones, y después, claro, lo relativo al marketing, las presentaciones…”.

Su función se asemeja, compara Marcos, a la de los padrinos del libro. “El editor es el que se encarga de que esa criatura tenga una vida lo más larga posible”, explica. Una definición a la que Albi le da otra vuelta. “A mí me recuerda a la relación que podría haber entre unos padres con su hija o hijo. Primero el vínculo es muy íntimo y estrecho, de amor incondicional y de celo —argumenta—. Poco a poco, según lo vas editando y vas involucrando a los demás departamentos y colaboradores —diseño, prensa, marketing, comercial, libreros…—, vas separándote de él y va creciendo y, como con la paternidad, sufres desde una distancia cada vez mayor. Cuando un libro funciona, es leído, recibe buenas críticas y se vende bien, es como cuando tu hija o hijo tiene autonomía y es feliz. Es motivo de una satisfacción enorme”.

Xosé Ballesteros

Para el editor de Kalandraka, Xosé Ballesteros, prima, además, cierta responsabilidad. “Uno de los aspectos que tengo más en cuenta como editor de literatura para la infancia es que estamos facilitando a los más pequeños títulos que pueden llegar a formar parte de su itinerario lector —apunta—. Tal como nosotros guardamos como hermosos recuerdos los primeros libros que nos animaron seguir la senda de la lectura, así deseo que los que ahora son niños y niñas atesoren en su memoria lo que decidimos publicar para ellos. Y soy consciente de esta gran responsabilidad porque, de alguna forma, estamos actuando sobre lo que será la memoria del futuro”.

A la búsqueda de autores

Pero, ¿y cómo es ese proceso de adopción? ¿Cómo llega el manuscrito al editor y cómo se seleccionan? ¿Qué tiene, en definitiva, que tener un libro para que se publique? “Cuando abrimos la convocatoria podemos recibir 2 o 3 manuscritos cada día”, responde la editora de Rayo Verde, Laura Huerga. No es mucho si lo comparamos con los grandes sellos del sector como los de los grupos Planeta o Penguin Random House. 

Laura Huerga

“No tengo el dato exacto de cuántos manuscritos recibimos, pero son muchos —reconoce Albi—. Ariel es una editorial de no ficción que publica muchísimas temáticas, tanto de autores de habla castellana como internacionales. En fechas normales, recibimos a diario una media de 3 propuestas de agentes, —en los días cercanos a las grandes ferias esa cifra se dispara—, y a esos hay que añadirles los de los autores propios, los de autores espontáneos y los que hemos reclamado los editores. Muchos, en definitiva”. 

Como Albi, Marcos tampoco llega a calcular. “Es difícil de decir porque somos un sello bastante grande dentro de un gran grupo como Penguin. En nuestro caso, además, y eso no pasa con todos los sellos literarios, lo valoramos todo. Hay editoriales que no admiten, por ejemplo, los manuscritos no solicitados, pero nosotros sí, y esto hace que se multipliquen la cantidad de propuestas que recibimos”. Un número que varía, además, con los propios libros que el editor busca activamente. “En mi caso estoy pendiente de lo que se mueve en el mundo editorial, de las redes sociales o las voces que a lo mejor no solo trabajan en la literatura, sino que son guionistas de televisión o de cine, o periodistas, personas que piensas que pueden hacer una buena novela que te encaje”. 

Ya sea a través de los propios autores, agentes o editoriales de otros países, Ballesteros señala, además, la importancia de las ferias internacionales para descubrir nuevos textos. “Nuestra editorial tiene una característica que la diferencia de la mayoría de otros proyectos de nuestro país: publicamos en todas las lenguas oficiales de la península ibérica, y también en italiano e inglés —explica el editor—. En la práctica eso significa que estamos ofreciendo siete catálogos ordenados por colecciones, que abarcan diferentes géneros, desde literatura hasta arte, pasando por libros informativos”.

¿Qué se publica en España?

En este sentido, el proceso de selección se vuelve complejo ya que, en Kalandraka, se busca además “la coherencia interna de cada una de las colecciones y la publicación de obras de alta calidad”, tanto en sus textos y en sus imágenes como en el formato del libro. “Conscientes de que nuestra función como editores no es didáctica, pero sí educativa, en las obras que publicamos siempre se encontrarán implícitos el respeto a los derechos humanos y los valores de una sociedad más igualitaria y solidaria”, señala el editor.

Para Albi, entre tanta propuesta, lo diferente destaca. “En esta dinámica, quizá más que buscarlos, son los libros los que nos buscan a nosotros, los que nos llaman. Cuando algo resalta entre la media la emoción se dispara, se ponen en marcha todas las alarmas”. Con la mirada, eso sí, puesta siempre en la calidad del texto. “Quiero pensar que las obras que incluyo en mi catálogo son aquellas que tienen interés para la sociedad, buena factura literaria, nivel intelectual y que aportan argumentos para el debate público y ayudan a que nuestra sociedad sea mejor. Y que pueden seducir al mayor número de lectores, claro. Obviamente, muchas veces fallamos, pero por eso, seguimos intentándolo”, comparte.

Además de calidad o compromiso, hay quienes como Huerga, priman la originalidad de la obra. “No en el sentido de que sea una locura de argumento o de forma, sino de que contenga algo que dentro de la tradición clásica de la literatura lo haga singular”, matiza. Y es que como añade Marcos, cada sello tiene un ADN editorial a tener en cuenta. “Lo primero que nosotros tenemos que ver es si eso que estamos valorando encaja con nosotros. Plaza&Janés es un sello generalista con vocación de llegar al gran público, con lo cual yo en lo que me fijo es en si la historia es entretenida, engancha, tiene trama, tiene acción, tiene personajes interesantes, gira en torno a hechos históricos o temas que puedan estar de actualidad».

La relación con el escritor

Pero, en medio de todo este proceso, los editores no pierden de vista a quienes son los auténticos padres del libro, los escritores. “Los autores en general son amantes de la escritura y de la comunicación y sacrifican muchas cosas, horas desde luego, para llevar a cabo una tarea en muchas ocasiones ingrata y poco rentable», opina Albi. 

Emilio Albi

«Desde esa admiración y respeto trato de ayudarles en todo lo posible para que su obra sea lo mejor posible desde el punto de vista técnico, y lo más correcta e interesante desde el punto de vista del contenido. Quiero pensar que conecto las expectativas y las demandas de los lectores con las obras de cada uno de mis autores”. En este sentido, matiza, “a un autor novel le recomendaría que escribiera siempre de manera honesta. Creo que cuando se hacen las cosas con otros intereses que no son literarios, es muy difícil que la obra funcione”. 

Marcos, por su parte, no concibe otro modo de trabajar. “Tiene que ser así. Sobre todo, con los autores que empiezan. Al final estamos hablando con algo que es muy cercano a las emociones. Una novela, incluso un bestseller, es algo muy personal, con lo cual ese tipo de trabajo tiene que ser delicado y tiene que establecerse siempre una relación de confianza entre editor y escritor. Cuando más cercana y más fluida mucho mejor”.

La parte más gratificante

¿Y después? Después, el trabajo del editor no termina. En el caso de Kalandraka, tiene además cierta particularidad: la búsqueda del ilustrador más apropiado para el texto. “A partir de ahí, comienza un trabajo colectivo, respetuoso, dinámico y dialéctico, en el que nuestro papel como editores es casi el de alquimistas. La materia prima de las palabras y las imágenes de los creadores se transforma, se combina, se entrelaza y comienza un complejo proceso en el que intervienen muchísimas personas hasta la creatividad se materializa en el libro que  llega a las manos de nuestros lectores”, explica su editor.

“En el fondo, todo el viaje del libro desde el manuscrito hasta el librero es algo que coordina el editor de alguna manera —apunta Marcos—, tiene que estar en todos los procesos, con los correctores, con los diseñadores para la imagen de portada, con el equipo de marketing para ver cómo se vende ese mundo de afuera…”.

Alberto-Marcos. Foto de Asís G. Ayerbe

Después queda la satisfacción del trabajo hecho. “La parte más gratificante es, sin duda, poder dar espacio en el catálogo a nuevas voces y textos, pero también autores consagrados en otros géneros como Agustín Comotto o Santiago López Petit —cuenta Huerga—. Aún así, descubrir autores como Álvaro del Olmo o Víctor Sabaté da sentido pleno al trabajo que hacemos”.

Un trabajo que parte del amor por la lectura y la literatura. “Esa parte de estar en contacto con las historias es lo que me atrajo y es por lo que continúo”, reconoce Marcos. Mientras que Ballesteros destaca el lado más idealista del oficio. “El lema y objetivo de la editorial Kalandraka desde su inicio fue publicar ‘Libros para soñar’. Y una de las partes más satisfactorias de mi función como editor es saber que, después de veinticuatro años, el objetivo está cumplido. Claro está, seguiremos soñando para y con los nuevos lectores”.

 Aunque sin duda, como recuerda Albi, queda la parte humana. “Es un privilegio conocer a la gente que conozco y tratar con ellos a diario. Piensa que entre mis autores hay filósofos, economistas, psicólogos, criminólogos, políticos, novelistas, juristas, historiadores, etc. Aparte de esto, trato con libreros, periodistas, diseñadores, correctores, traductores, colegas editores, comerciales… Es un regalo pasar la vida con gente tan valiosa, no sabes lo que disfruto y aprendo cada día”.