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El espectro de Don Juan Tenorio en el Día de Difuntos

“No pasa un mes de noviembre en que no haga en mi favor alguna ruidosa demostración en alguna representación de mi Don Juan”, escribió José Zorrilla a su amigo, el también poeta, José Velarde. Convertidas sus palabras hoy casi en profecía, casi dos siglos después, tampoco pasa ni un solo Día de Todos los Santos en que no se abra algún telón de algún escenario español para representar su Tenorio.  

Libertino, seductor y amoral, en el siglo XIX el mito de Don Juan pasó de bravucón, clasista y obsesionado con el honor, como lo concibió Tirso de Molina en 1630 en El burlador de Sevilla, a transformarse con Zorrilla en un hombre arrepentido y enamorado. El dramaturgo, que tenía entonces 27 años, se había labrado ya un nombre con algún que otro éxito en los escenarios como El zapatero y el Rey -escrita en 1842-, y particularmente por los versos que había recitado apenas pasada la veintena durante el entierro de su admirado Larra.

Un amante sin sentido común

Sin embargo, su obra más emblemática fue escrita en apenas 20 días, como un favor a Carlos Latorre, el primer actor y director del Teatro de La Cruz, que necesitaba una obra nueva para cerrar la temporada teatral de abril. “Empecé mi Don Juan en una noche de insomnio, por la escena de los ovillejos del segundo acto entre Don Juan y la criada de doña Ana de Pantoja”, compartió él mismo en sus Recuerdos del tiempo viejo

Un Don Juan, que, a diferencia del de Tirso, que no conoce el amor, se enamora locamente de Inés hasta desencadenar en el último momento de la obra, donde aún podrá elegir entre su salvación o la condena eterna.

Estrenada por primera vez el 28 de marzo de 1844, aunque hoy se ha convertido en la obra más representada del teatro español decimonónico, Don Juan Tenorio corrió menos suerte en las tablas de la época. Interpretada por el propio Latorre como protagonista, Bárbara Lamadrid o Pedro López, la poca confianza de Zorrilla en su obra hizo que vendiera sus derechos por apenas 8.000 reales poco antes de ser estrenada. 

“Mi Don Juan es el más grande disparate que se ha escrito, porque siendo yo al imaginarlo un chico tan atrevido como ignorante, ni pensé el plan ni supe lo que hice. No tiene carácter, ni lógica, ni consecuencia ni sentido común”, llegó a criticar el propio poeta.

Una tradición muy viva

Sin embargo, y contra su propio pronóstico, tras su reestreno un 2 de noviembre, se convirtió en tradición que aquella pieza teatral cuyo argumento comenzaba en Carnaval y concluía en el Día de los Difuntos, se representara cada noche de Todos los Santos en docenas de teatros. Hasta el punto de que, durante décadas, fue habitual en los escenarios madrileños que, llegadas estas fechas, se interrumpiera la cartelera habitual y se interpretara el Don Juan de Zorrilla de manera simultánea en varias salas distintas de la ciudad, donde llegaron a intervenir hasta catorce compañías distintas. 

Y es que, pese al rechazo del propio dramaturgo, su Tenorio se había popularizado tanto que el público recitaba de memoria los versos de aquel drama de corte romántico, del que aún resuenan sus ecos:

Ah! ¿No es cierto, ángel de
amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?

Con todo, parte de aquel éxito se lo debió el vallisoletano al intérprete Pedro Delgado, que rescató aquella obra años después de ser estrenada y convirtió en todo un triunfo su escenificación un 2 de noviembre. Tradición en la que ya se había representado anteriormente El burlador de Sevilla, y que pretendía evidenciar el nexo de esta pieza, con sus propias apariciones, ánimas y fantasmas, con la celebración del Día de Difuntos.

Hoy es la obra más representada en los teatros españoles. Particularmente entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre, siendo la costumbre que se represente en el festival anual Don Juan en Alcalá, en el Teatro Zorrilla de Valladolid y en el Tenorio Mendocino, por las calles y monumentos de Guadalajara.

El vínculo de su acto final, ambientado en la noche de Todos los Santos, hace además de la obra de Zorrilla una escenografía idónea, aunque hoy muy discutida por el carácter machista de su protagonista, para estas fechas, llegando incluso a representarse en algunos cementerios de la geografía española.