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El fenómeno manga desata la pasión en España

A los españoles nos gusta el manga. Al menos, desde hace tres décadas nuestro país ha apostado fuerte por este género que, en los últimos dos o tres años, se ha multiplicado. Y es que, si los números no mienten, desde la pandemia la cifra de ventas del manga ha aumentado un 70%. Un porcentaje que, según la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) continúa al alza. Sus cifras nos hacen hablar de todo un fenómeno editorial entre los más jóvenes. 

Como respuesta, un gran grupo como Penguin Random House acaba de crear Distrito Manga, una editorial propia donde se apuesta aún más por este boom en el que tanto Planeta Cómic como Norma, entre otros, venían años invirtiendo. “Vimos que era una oportunidad ingresar en este segmento y apostar por estas licencias para enfocarnos en un público diferente”, explica Catalina Mejía, directora literaria de Salamandra Graphic y Distrito Manga, para quien este proyecto nace con la vocación de “abrir un poco el abanico de lectores más allá de los habituales del género”. “Sabemos que es una categoría en crecimiento. Es un fenómeno a nivel mundial, no solamente local, y queremos ser un referente en ese tipo de contenidos”, señala.

Y es que, como ella misma explica, “en España ya había un interés por el manga desde hace muchísimo tiempo. Ya en las primeras páginas de la revista El Víbora se había planteado ese interés hace 30 o 40 años”. Un auge que, según la editora, se volvió aún más masivo y menos de nicho hace unas dos décadas, con la creación de algunas editoriales especializadas. 

30 años de historia

Precisamente, uno de los primeros sellos en mostrar ese interés por el manga fue, sin duda, Planeta Cómic. “Fuimos el primer editor fuera de Japón en apostar por el manga en los años 90”, incide su editor David Hernando, para quien el hito que marcó un antes y un después fue la publicación de Dragon Ball en castellano y catalán a partir de mayo de 1992. “Representando la base sobre la que ha crecido el manga en nuestro país, en Planeta Cómic le venimos dando una importancia primordial en estos treinta años de publicación ininterrumpida, que reflejan nuestra confianza pionera en el cómic japonés”, puntualiza. 

Tampoco la especializada Norma Editorial, recién galardonada con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural, se queda muy atrás. Fue en 1993, de hecho, cuando publicaron su primer libro dentro del género, una historia corta de Katsuhiro Otomo de la revista Cimoc que se titulaba Adiós a las armas, a la que siguió su primera serie, Dominion Tank Police de Masamune Shirow en 1994. “Desde entonces no hemos parado. En nuestro catálogo contamos con algunos de los grandes títulos del mercado japonés, y es una línea que no ha parado de crecer desde su creación”, comparte su editora, Anabel Espada.

Ininterrumpido y al alza. Aunque en 2008, con la crisis económica, aquel primer entusiasmo por el manga en nuestro país sufrió un frenazo, cuenta Mejía que desde hace 4 o 5 años se vivió un repunte que, a partir de 2020 con la pandemia, se volvió “abismal y sostenido”. “Eso fue un punto de inflexión para este tipo de contenidos. Sobre todo, por la convivencia entre tres tipos de entretenimiento a priori muy distintos pero interconectados entre sí: que son el manga, el anime y los videojuegos”, analiza la directora de Salamandra Graphic. 

El peso del confinamiento

Un análisis certero con el que también coincide Hernando para quien, aunque ese interés llevaba creciendo paulatinamente en la última década, fue el confinamiento lo que terminó acelerando “un comportamiento ya en auge”. Principalmente, señala, “a raíz de las series anime que adaptan manga en canales de streaming, ha entrado público nuevo a comprarlo”. También ayuda el hecho de que sea muy accesible: “Si te gusta My Hero Academia o One Piece en televisión, solo tienes que ir a por el número 1 de cada manga y seguir a partir de ahí, a diferencia de otros universos de ficción más complejos como el de los superhéroes”. Además, en este caso, recuerda el editor, “se añade el hecho de tener un precio competitivo, con PVPs que rondan en nuestro caso el 7,95 por un volumen de 200 páginas”.

En ese sentido, puede llamar la atención ver cómo un público cada vez más joven y adolescente, se ha empezado a interesar por este género. “En mi opinión, diría que esto siempre ha sido así, de hecho, el tipo de manga que tradicionalmente ha llegado a nuestro país ha sido, precisamente, el orientado a adolescentes y jóvenes, por lo que no es algo nuevo —mantiene, no obstante, Espada—. El cambio que sí hemos notado es que ahora leer manga o ver anime está mucho más normalizado, así que, pese a que era algo habitual entre esa franja de edad, ahora está mucho más extendido”, reconoce.   

Para la editora de Distrito Manga, el más joven de los tres sellos, dos factores más han influido en este crecimiento: el interés femenino por este tipo de libros, por un lado y, por el otro, la desestigmatización del género. “Se está empezando a entender que el manga no es solo pornografía, no es solo violencia, sino que hay muchas formas de tratar muchos temas a través de este medio”, sostiene.

Razones para un idilio

Cabe preguntarse, entonces, cómo el cómic de una cultura tan distinta ha calado tanto en nuestro país. Una posible razón, la da Hernando. “El lector de manga acaba siendo alguien inquieto por la cultura japonesa en general, no solo por la lectura de sus cómics. Se siente atraído hacia el fenómeno Japón en sí mismo, y eso le lleva a consumir todavía más, ya sea anime, videojuego o manga. Al final, los temas que tratan estas series son universales, solo que la cultura japonesa ha sabido sacarles mucho partido con toda su puesta en escena, con una narrativa dinámica y ágil que ha conseguido entrar de lleno entre varias generaciones”, explica.

Muy en línea con el editor de Planeta, para Espada hay sentimientos y emociones que son universales, como “el ansia de aventura, la rivalidad, la amistad o el amor. Así que aunque el manga esté concebido originalmente para lectores japoneses, usan tan bien estos elementos y crean historias tan interesantes y entretenidas que lectores de todo el mundo pueden disfrutarlas sin problema”. 

Además, como opina Mejía, en el manga hay muchísimos componentes cinematográficos, “en el sentido en que la acción o el movimiento es mucho más rápido”. Otra ventaja es su serialidad. “Son títulos cortos que se pueden leer rápidamente o fácilmente. Tiene un formato muy parecido al de las series de televisión”. Pero no solo eso. También, tal y como apuntaba Hernando, para la editora de Distrito Manga existe un interés evidente por Japón. “Creo que la cultura japonesa lleva muchos años estando en primer nivel del interés de los consumidores en España. Esa psicología y esa forma de entender el mundo ha calado muy hondo en la cultura occidental y creo que España es uno de los países que más ha ido demostrando por ella. Es increíble cómo entre las nuevas generaciones, jóvenes de 26 para abajo, es fácil encontrar personas que escriben o leen japonés porque el manga les ha despertado ese interés por aprender su lengua”. 

Manga a la española

Toda esa afición y ese trabajo continuado por publicar manga ha revertido directamente en nuestros escritores y artistas, con nombres “como Kenny Ruiz, Igor o Ana Oncina», según destaca Mejía. Son generaciones que, como advierte Espada, “han crecido leyendo manga y es inevitable que, consciente o inconscientemente, hayan asimilado y adaptado, a través de su filtro personal, las características de los mangas que los ayudaron a enamorarse del género”. En ese sentido, “un ejemplo muy claro lo encontramos con Fidel de Tovar y Dani Bermúdez, que ganaron nuestro Concurso manga con Arashiyama y han seguido publicando con nosotros con un estilo muy personal pero claramente influenciado por el manga japonés”, sostiene la editora de Norma. 

No hay que olvidar que son ya tres décadas de idilio. “Como ya llevamos treinta años publicando manga, ya hay generaciones de lectores que desde que nacieron y empezaron a leer, lo han hecho con manga desde el día uno —razona, por su parte, Hernando—. Eso implica que los códigos narrativos del manga los tienen integrados por completo a la hora de consumir ocio y, también, a la hora de dibujar en aquellos que tienen inquietudes creativas y acaban convirtiéndose en autores», apunta. 

«En ese sentido», prosigue, «tenemos grandes ejemplos en nuestra propia editorial como Ana C. Sánchez, Konata, Toni Caballero o Akira Pantsu, autores de obras como Alter Ego, Sirius, Nebesta, Backhome o Reflejos del futuro, entre otras, todas ellas derivadas de la revista bimestral dedicada a manga de autores españoles que editamos desde 2019 llamada Planeta Manga en un formato y concepto editorial absolutamente japonés”, concluye.