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El nacimiento del libro

Igual que los seis personajes de Luigi Pirandello que, afanosos, buscan al autor que les de vida, en el año 2020, 74.589 títulos editados en España fueron en busca de su lector. Porque un libro, un relato o una ilustración no se hacen realidad hasta que otro ser humano posa sus ojos sobre ellos y los hace suyos.

 “El misterio de la creación artística —escribió el dramaturgo y novelista italiano en el prefacio de Seis personajes en busca de autor— es el mismo misterio del nacimiento. Puede ser que una mujer, amando, desee convertirse en madre, pero el deseo por sí sólo, por más intenso que sea, no basta”.

Son muchas las personas y las profesiones que participan en este misterioso nacimiento. Es decir, en todo el proceso que va desde la mente del creador hasta que el lector tiene en sus manos la obra, ya sea en papel o en formato digital. Estos son los principales eslabones de esta cadena creativa casi mágica:

Escritor / Ilustrador

Según la RAE, la palabra “escritor, ra” tiene cuatro acepciones: persona que escribe; autor de obras escritas o impresas; persona que escribe al dictado; y persona que tiene el cargo de redactar la correspondencia. Definiciones tan amplias y asépticas que nos cuesta reconocer en ellas a los grandes genios de la literatura.

Decía Ana María Matute que escribir para ella no era una profesión, “ni siquiera una vocación”. Es una manera de estar en el mundo”. El comienzo de todo este viaje son esas personas que a través de la palabra escrita o sus ilustraciones quieren “estar en el mundo” y compartir con los demás su visión y su obra.

En Mientras escribo, un libro a medio camino entre la biografía y el manual de escritura, el prolífico y exitoso Stephen King dijo: «Escribir no es cuestión de ganar dinero, hacerse famoso, ligar mucho ni hacer amistades. En último término, se trata de enriquecer las vidas de las personas que leen lo que haces».

Los ilustradores también enriquecen nuestras vidas con sus dibujos, imágenes, pinturas o diagramas. Más allá de la palabra escrita, con su trabajo nos comunican ideas, información, emociones y sentimientos. “Si lo pudiera decir con palabras no habría razón para pintar”, afirmó Edward Hopper.

Agente 

La figura del agente literario comenzó a formarse a principios del siglo XIX en Estados Unidos. Pero hasta dos décadas después, cuando la profesión aterrizó en Gran Bretaña, no adquirió entidad de verdad. El primer agente literario tal y como lo entendemos hoy fue Alexander Pollock Watt con su agencia fundada en 1875, que todavía sigue activa hoy.

La misión de un agente es conectar al autor con las editoriales. Es su representante. Se ocupa de los asuntos económicos de los escritores e ilustradores, pero, conocedor de los catálogos de las editoriales, también de saber dónde encajan mejor el creador y su obra. Es muy importante que esté al tanto de si el trabajo de su cliente contará con la distribución y comercialización adecuadas y si el marketing y la comunicación también lo serán. Eso sí, siempre con un ojo puesto en las tareas administrativas: negociación de los contratos y las tarifas en su nombre, defensa de sus derechos de autor, cobros… En contrapartida, se lleva una comisión entre el 15-20 % de los ingresos brutos.

Director editorial / Editor

Thomas McCormak, uno de los editores norteamericanos más reconocidos del siglo pasado y responsable de superventas como El silencio de los corderos o Todas las criaturas grandes y pequeñas, sintetizó en su libro La novela, el novelista y su editor sus tres décadas de experiencia delante de cientos de manuscritos. Para él, las cuatro labores básicas del editor son adquirir, publicar, apoyar al autor y editar. En dicha obra define también con exactitud las tres características esenciales que, según él, debe tener quien pretenda editar novelas: sensibilidad lectora, que no es otra cosa que la capacidad para ponerse en los zapatos del lector ideal de cada tipo de obra; habilidad para diagnosticar los males de un manuscrito, sea en la estructura, en los personajes o en el lenguaje, y astucia para sugerir enmiendas que permitan al escritor producir en sus lectores los efectos que desea. En resumen, el editor trabaja con el texto y el autor directamente. Se encarga de la estructura, el ritmo, el estilo… Ayuda al escritor a hacer su libro vendible

Derechos de Autor

Tras llegar a un acuerdo, el departamento legal pone en marcha la maquinaria para la redacción de los contratos, de los derechos de traducción, las posibles ventas de derechos audiovisuales y otras cuestiones como los Depósitos legales o el ISBN.

Editor de mesa / Corrector de estilo 

Hace el trabajo más pesado. Lee el texto, línea a línea, palabra a palabra, buscando errores gramaticales, incongruencias o mala sintaxis. Es frecuente que esta tarea se combine con la corrección de estilo. O bien que el editor pida determinados cambios que se encargará de ejecutar el autor y más tarde verificará el corrector.

Stephen King sabe de la importancia de su trabajo y en el libro anteriormente citado dedica uno de los prólogos a su corrector:

Un aviso para caminantes que no figura en el libro, al menos en formulación directa: «El corrector siempre tiene razón». Se colige que los escritores nunca siguen todos los consejos del corrector o correctora, porque todos han pecado y no alcanzan la perfección editorial. En otras palabras: escribir es humano y corregir divino. La revisión de este libro ha corrido a cargo de Chuck Verrill, al igual que otras muchas de mis novelas. Y le digo lo de siempre: Chuck, has estado divino.

Corrector ortotipográfico 

Nueva visión y nueva lectura a la búsqueda de fallos gramaticales y errores tipográficos o de edición. Se revisan las tildes y el uso de comillas, negritas, cursivas, mayúsculas y minúsculas. Esta corrección se suele realizar sobre páginas maquetadas.

Producción y fotocomposición

Es el momento de poner en página los textos y las imágenes que conforman el manuscrito. Para su diseño se aplican conceptos básicos como la armonía de las proporciones, la legilibilidad o las tipografías.  

Diseño

La tapa de un libro es una herramienta de venta fundamental. Es la composición de la parte exterior de una publicación que incluye cubierta, contracubierta, lomo y solapas. Y también la camisa o sobrecubierta y la faja, cuando el libro las lleva. Los ilustradores son fundamentales en esta etapa.

Traductor 

Al contrario de lo que mucha gente piensa, para traducir no basta con hablar dos lenguas. Un traductor es mucho más que una persona bilingüe. Un traductor es un intérprete de textos. En realidad, la traducción literaria es una actividad literaria. Para llevar a cabo su trabajo, el traductor debe entender cada palabra, pero también las ideas y las emociones presentes en el texto original para ser capaz de expresarlas en la lengua de llegada. Si no lo hace así, las obras se llenarán de palabras vacías. La literatura está plagada de matices y significados que un buen profesional ha de saber transmitir.

Los traductores son los eslabones invisibles que conectan las realidades de dos culturas diferentes. Su misión es producir en los nuevos lectores las mismas sensaciones que en los del texto original.

Marketing y Comunicación

Las acciones de prensa, difusión, promoción y comunicación son fundamentales para que un libro encuentre lectores. Para ello trabajan en posicionamiento, imagen de campaña, claims, materiales gráficos para publicidad, entorno web, relaciones públicas, gestión de entrevistas, giras de autor, conferencias y gestión de RRSS. 

Red Comercial 

Este departamento es el encargado de vender los libros en las principales librerías y otros puntos de venta.

Distribución 

Se encarga del transporte de los libros desde la editorial al punto de venta donde el público puede adquirir los ejemplares impresos. Sirve de enlace entre editores y libreros.

Librerías 

Amor, odio, pasión, guerras, fórmulas matemáticas, poemas, tratados químicos, recetarios, besos no dados, crímenes y sus cadáveres, cazadores, maternidades… Las librerías abarcan y acogen millones de historias. Y al frente de estos lugares asombrosos, ellos, los libreros. Los alimentadores de almas y los mejores prescriptores de los libros. En España, según el Mapa de Librerías de 2021 elaborado por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), con la ayuda de la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura (Ministerio de Cultura y Deporte), hay 6,8 librerías por cada 100.000 habitantes. O lo que es lo mismo, 3.208 librerías independientes en su formato digital o físico.

Establecimientos diversos, con arraigo, y siempre presentes en nuestra vida, gracias a su capacidad de atraer a los lectores con sus recomendaciones. Las librerías son puntos de encuentro y de fomento de la lectura que cada 11 de noviembre celebran su Día.

Bibliotecas

Sobre la puerta de la biblioteca que había en la antigua ciudad de Tebas, un rey egipcio hizo tallar una inscripción que decía: «Medicina para el alma». Las bibliotecas, ya sean públicas o privadas, además de la adquisición y conservación de un conjunto de libros ordenados y clasificados para su consulta o préstamo, son organismos dinamizadores del intercambio cultural y de las ideas. Espacios donde mejorar nuestra calidad de vida y nuestra salud social y del alma. Y sus bibliotecarios, como dijo la escritora Rosa Montero, “los sacerdotes de los libros”.

Lector

“El autor sólo escribe la mitad del libro. De la otra mitad debe ocuparse el lector”, escribió Joseph Conrad. En España, según el estudio de “Hábitos de lectura y compra de libros”, elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) con el patrocinio de CEDRO y en colaboración con el Ministerio de Cultura y Deporte, un 67,9 % de su población se encargó de esa mitad.

Esta cifra muestra que, aunque tras la pandemia se han ido recuperando actividades fuera del hogar, la lectura ha seguido estando presente en la vida de los españoles. Muchos de aquellos que se reencontraron con los libros como vía de escape al confinamiento han mantenido el hábito lector.

“Hemos de mostrarnos satisfechos porque las cifras de lectores han ido creciendo en la última década de manera constante. Dicho esto, hay un dato que nos debe hacer reflexionar: todavía hay un porcentaje muy alto de población, el 35,6 %, que no lee nunca o casi nunca. Frente a los que se preguntan por qué queremos que lea el 100 % de la población hemos de decir que si analizamos el conjunto de las economías más desarrolladas veremos que también muestran que su población es, en un alto porcentaje lectora. Somos la cuarta o quinta potencia editorial, pero no podemos decir que estamos entre los cinco países más lectores”, señaló el presidente de la FGEE, Daniel Fernández.

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