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El pabellón español en Fráncfort: un diccionario vivo de palabras y color

Cuenta el escritor Ignacio Vleming que en su ensayo El cuento de nunca acabar, Carmen Martín Gaite comparaba el hecho de narrar historias con comer cerezas: unas historias se engarzan con otras y solemos llevarnos a la boca dos o tres más. “Los libros, le gustaba decir a la escritora, son esos buenos amigos que nos presentan a otros buenos amigos, como nos gustaría que pasase en el pabellón de España en Fráncfort”. Fue este, señala, el punto de partida de La teoría de las cerezas, la idea que convertirá el recinto de 2.000 m2 en un diccionario vivo que encadene palabras, lenguas y relatos y transforme el espacio, gracias a la Inteligencia Artificial, en un entorno mágico. Las hojas de un libro escrito y por escribir por el que desfilarán, el próximo octubre, los cerca de 200 autores, traductores y representantes de la industria del libro española.

Diseñado por Enorme + Vitamin, además de por el propio Vleming, junto con TwoPoints.Net en el diseño gráfico y la ilustración y la colaboración de Giselle Etcheverry en los contenidos, este pabellón tendrá como elemento principal  tres enormes “cerezas” a modo de cápsulas con diferentes escenarios. A ellas se suman dos auditorios, una zona de happy hour y otra de talleres, donde la interacción de sus asistentes será esencial para transformar el contenido del lugar, protagonizado por las palabras y el color. 

“Lejos de la representación convencional de la escritura como un mar de letras por interpretar, hemos querido reproducir la experiencia real del lector cuando ante sus ojos el alfabeto parece desvanecerse para que se abran imágenes que evocan sensaciones físicas –desarrolla Vleming–. Por esto mismo, el recurso poético de la sinestesia –apelar a un sentido a través de otros– es una de las claves del proyecto. Las palabras e historias que pronunciamos se convierten en manchas de colores que van tiñendo el pabellón. Cada día será distinto, dependiendo de lo que digan público e invitados”. 

Ignacio Vleming. Escritor y periodista. Foto: Berta Delgado. YanMag

Una apuesta que, según reconoce su autor, se trata en parte de una versión 4.0 de Words, la instalación que hizo el artista estadounidense Allan Kaprow en 1962, en la que el público podía entrar y escribir en las paredes. “Nosotros hemos querido que sus muros y pantallas sean un reflejo de la inteligencia colectiva y de los temas que están sobre la mesa de autores y editores”, añade.  

Un paisaje interactivo

Para ello, explica Rocío Pina de Enorme Studio, el espacio juega con la idea de paisaje interactivo en la que cada elemento “no sólo aprovecha esa cuestión de la teoría de las cerezas en la que la palabra se convierte en una herramienta casi infinita con la que expresarse, sino que también presenta una forma de interacción propia y diferente en cada caso, intentando despertar la curiosidad de los visitantes”. 

Diseño y contenidos se integran así para conformar el espacio. “Nos parece muy interesante ese contrapunto que tiene el pabellón entre lo tecnológico de las paradas interactivas y lo blando del Sofá Boa, o lo erudito y riguroso de toda la programación de los auditorios y lo festivo de poder jugar con palabras convertidas en colores del photocall. Todo el diseño del pabellón va enfocado a esa dualidad que está en el ADN de nuestra propia identidad, el rigor y la eficacia sin perder nuestro carácter fresco y creativo”, explica la arquitecta.

Desde esas tres cerezas que dan sentido al proyecto con un mar de citas y referencias literarias, hasta una intérprete de la voz que transforma las palabras en colores, escritoras autómatas, el citado photocall o un juego de escritura surrealista son algunas de las instalaciones que intentarán sorprender a todo aquel que se aventure por este espacio español en la Feria de Fráncfort y que a partir de sus cuerpos, voces y palabras transformarán el espacio. 

Enorme Studio. Foto: Javier de Paz

Un mensaje para cada visitante

En la mayoría de las áreas del pabellón podremos interactuar con diferentes formatos: papel, digital, audio libro, charlas, etc., pero será en las cerezas donde realmente el visitante podrá sentirse inmerso en el protagonista: el libro”, explica Laura Gabriela, de Vitamin Studio. Así, por ejemplo, en la instalación principal “los visitantes no se verán inmersos en recreaciones visuales de libros, sino en un ambiente holográfico y mágico de palabras que, al mezclarlas, transmiten a su vez un mensaje distinto para cada visitante. No se pretende que se entienda cada una de las palabras, solo causar un sentimiento a medida que se van conectando unas con otras”.

Y es que, como cualquier espacio, el pabellón de España no permanecerá inalterado por la presencia de las personas, capaces de transformar su contenido a medida que interactúen con él. De este modo, afirma Gabriela, “la experiencia de los usuarios en las instalaciones interactivas nunca será igual a otra, sus acciones modifican la forma y estructura”. La intención, apunta, “es que los visitantes vivan una experiencia propia, única y distinta a la de los demás, que puedan sacar su propia historia del paso por el pabellón”.

Javi Mujica Torres y Pablo Alpe, creadores de Vitamin Studio. Foto Germán Cabo

Curiosidad  y deseo

En este sentido, añade Pina, se pretende despertar la curiosidad y el deseo del visitante. Para ello se emplearán “todos los estados de la palabra posibles. Desde los poemas recitados en la parada interactiva La Oyente, hasta la palabra escrita de un poema infinito escrito por brazos mecánicos en La Escritora, pasando por tu propia voz convertida en la gráfica del propio pabellón en La Intérprete

Una puesta en escena donde, como explica Gabriela, no solo la palabra gana protagonismo. “Desde el inicio de la ideación del concepto y los espacios hemos tomado el uso del color como clave para transmitir los mensajes, diseñando todas las instalaciones basándonos en una línea gráfica donde estos se funden y fluyen con otros, diferenciando así zonas, temáticas y sentimientos. De esta forma hemos hecho una analogía con la conexión de las palabras para crear frases que pueden convertirse en libros, poesías…”.

Con todo, lo interesante es que estas acciones provoquen en el público “una sensación parecida a la que se tiene cuando nos enganchamos a una buena novela: que no queremos que acabe, pero la devoramos a gran velocidad –recuerda Vleming–. Menos mal que siempre existe otro título, y otro más, con el que continuar la aventura interminable de la lectura. Por esto mismo el pabellón también es, de alguna manera, una biblioteca, una enciclopedia o un diccionario –es decir un libro en el que caben todos los libros–, una Sherezade que a partir de la Inteligencia Artificial va conectando conceptos e historias”. 

Ser un diccionario vivo

Inspirado, como queda dicho, en Martín Gaite, otra gran mujer como María Moliner ha estado también presente en todo este proyecto, según reconoce su autor, que ha querido recordar que “entre unas tareas domésticas y otras, la lexicógrafa sacó tiempo para escribir el que tal vez sea ‘el diccionario más completo y útil, más acucioso y divertido de la lengua castellana’, según García Márquez”. Y es que, “aunque pensó que lo terminaría en seis meses, dedicó quince años a la empresa enciclopédica de contener en un solo libro todas las palabras del español. Pero no sólo recogía las acepciones de cada voz, también sus usos comunes, sinónimos, connotaciones, sentidos metafóricos y los campos semánticos con los que estaban relacionadas. Es decir todo un catálogo de posibilidades expresivas que desborda los límites mismos de la lengua”, destaca. 

“Al fin y al cabo se trataba de esto –continúa–, de desbordar los límites de la creatividad. Año a año, la casa de María Moliner fue poblándose de fichas específicas para cada término, a las que volvía una y otra vez con la intención de completarlas, ampliarlas y pulirlas. Eso queremos que sea el pabellón, un diccionario vivo, un libro que nos lleva a otros o el cuento de nunca acabar”.

Y es aquí, precisamente, donde interviene Giselle Etcheverry, encargada de seleccionar qué contenidos utilizar y la forma en la que se leerá el gran libro que es el propio pabellón. “Un libro que habla, escribe, recita y conversa con los visitantes a través de esa lengua común que es la literatura contemporánea de España”, señala. Concebido para mostrar “una panorámica de las diversas facetas del libro”, cuenta que en este sentido, “hay espacio para los editores españoles, con una selección de memorias y biografías de los más destacados, y para la escritura, con la presentación electrónica de las primeras páginas de los títulos más recientes de los autores del programa literario, también presentes físicamente”. 

La literatura como punto de partida 

Mientras que, “de forma interactiva y también lúdica, se destina una instalación a los traductores con un juego sobre los ‘intraducibles’ del español al alemán y viceversa; La escritora contará con brazos mecánicos que escribirán el gran poema universal creado en tiempo real y en línea por todo el que quiera participar, un proyecto del colectivo español Poetas. La melodía de la lengua española, así como de las otras lenguas oficiales del Estado, será protagonista en una serie de instalaciones sonoras esparcidas por el pabellón”, comenta.

Giselle Etcheverry Walker. Foto: Javier de Agustín

La idea, explica, es que “el visitante descubra el trabajo de escritores, poetas, músicos y dramaturgos, pero también de editores, traductores y colectivos, siempre teniendo en cuenta que la feria alberga dos tipos de públicos muy diferenciados: el profesional y el general, con necesidades e intereses diferentes”, advierte.

En este sentido, Etcheverry reconoce que “la palabra como primera aproximación a las lenguas del territorio español, y a la forma de pensar el mundo a través de ella, está muy presente en La teoría de las cerezas. Se trata de que el visitante cree su propio imaginario narrativo con las que se le sugieren en las instalaciones inmersivas y otros espacios.  La lectura aparentemente fragmentada de todos estos conceptos que ‘flotan’ en el recorrido conforma un vocabulario propio para la ocasión que nos reúne: la de un acontecimiento feliz en un mundo que se muestra cada día más complejo y cargado de palabras con las que solo parece posible construir relatos poco habitables”, concluye.

Una identidad visual

De fondo, el trabajo inestimable de TwoPoints.Net para dar una identidad visual a todo el conjunto. Un tándem, formado por Lupi Asensio y Martin Lorenz, que desde 2021 ha desarrollado el concepto, reclamo, imágenes y animaciones de la participación española en la Feria, y ha supervisado su aplicación. “Hemos hecho una imagen que lleva ya más de un año adaptándose a distintas aplicaciones y, gracias a su flexibilidad, se ha podido aplicar a distintos medios, siempre de forma cambiante y sorprendente”, valora Asensio, que explica que “ser país invitado en Fráncfort no se reduce a los cinco días de la feria ni a la literatura; es una ventana al mundo durante todo un año para mostrar la cultura del país. Por eso el lema es amplio: Creatividad Desbordante”. 

Lupi Asensio y Martin Lorenz, TwoPoints.Net. Ilustración: Berto Martínez

Luego, aquello se tradujo a una imagen: “España como estructura territorial representada por una ‘S’ (Spain, Spanien) abierta. Y la creatividad como diferentes gestos que salen de esta ‘S’ y desbordan sus fronteras”. Hecha con una técnica “inventada para el proyecto”, compuesta de “manchas de pintura hechas a mano y luego digitalizadas y tratadas en un programa 4D –la imagen también se anima–”, esta mezcla de lo analógico y lo digital “es una alusión al libro y la cultura actual, donde conviven ambos”, recalca la autora.

Con una paleta de colores sin cerrar –“se utilizan muchos y son cambiantes”–, cuenta Asensio que han procurado, eso sí, utilizar tonos vivos “como referencia a la pasión de nuestro carácter”. Y puntualiza: “Una cosa importante, que fue posible al usar acrílicos, es la mezcla. En un mundo global no hay nada puro, todos tenemos influencias mestizas y las grandes obras son esfuerzo de la mezcla de varias creatividades: la del autor, el editor, el traductor cuando lo hay y también el librero”.