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El tesoro oculto del Instituto Cervantes

Sellado por un portón circular macizo, como un tesoro en una auténtica cámara acorazada: así custodia el Instituto Cervantes su legado más preciado en el sótano de su sede central que, desde hace varias décadas, ocupa el edificio del antiguo Banco Español del Río de la Plata, en la calle Alcalá, 49 de Madrid. Con casi 1.800 cajas de seguridad distribuidas en dos pisos, bajo llave se almacenan decenas de legados literarios que, a modo de cápsula del tiempo, permanecerán cerradas hasta que sus propietarios lo decidan. 

Primeros volúmenes, cartas, manuscritos, historias, textos inéditos, guiones, misterios y hasta recetas de cocina de grandes personajes de la cultura hispánica se ocultan en esta peculiar Caja de las Letras, en las tripas del conocido edificio de las Cariátides, construido por los arquitectos Antonio Palacios y Joaquín Otamendi a principios del siglo XX en pleno centro de la capital española. 

Fue Francisco Ayala, a punto de cumplir los 101 años, quien una mañana de febrero de 2007 franqueó por primera vez esta cámara acorazada para utilizar una de sus cajas. La llenó con una carta manuscrita y un objeto personal cuyo contenido no quiso desvelar y que habrá de permanecer guardado hasta 2057, fecha elegida por el escritor para abrir el número correspondiente. El autor de obras como Muertes de perro y El fondo del vaso inauguraba también, sin saberlo, una tradición que habrían de seguir otros intelectuales conscientes de que sin misterio, sin interrogantes, no hay literatura.

Legados llenos de misterio

Algo similar a Ayala debió pensar Eduardo Mendoza cuando atravesó este portón macizo diez años más tarde, en 2017. En contra de la costumbre de otros invitados, que sí habían revelado sus tesoros, el autor de El misterio de la cripta embrujada prefirió, como en una de sus novelas, conservar el suspense. “Con la esperanza de alargar un poco la desaparición de mi recuerdo”, afirmó con su paradigmático humor. Concretamente, tendremos que esperar hasta su apertura en 2037 para descubrir a qué se refería. 

Y, porque no hay dos sin tres, como el de ellos, igual de misterioso resultó el legado que Juan Marsé depositó en abril de 2009, cuyo contenido se desvelará en 2029, con una peculiaridad: “contiene el secreto de la escalivada, que es un plato catalán muy bueno. Hay otras cosas, pero creo que no son tan importantes como esta”, bromeó el escritor durante el acto. 

Tal vez porque no hay nada más valioso que una buena historia, entre los tesoros ocultos de esta peculiar Caja de las Letras se encuentra también, por ejemplo, el acta realizada por el catedrático Ignacio Serrano sobre la tensa discusión que se produjo entre Miguel de Unamuno y el general Millán-Astray, en octubre de 1936, cuando el escritor pronunció su célebre frase: “Venceréis, pero no convenceréis”. 

Un recipiente vivo de historias

Y mucho más. Porque en el resto de las cajas ocupadas se esconden tesoros tan variopintos como la pipa de fumar de Antonio Buero Vallejo, la Medalla del Nobel de Medicina de Santiago Ramón y Cajal, el reloj que John Elliot se compró con lo que recibió por la publicación de su primer libro, una carta cerrada e “indiscreta” de Jorge Edwards, una primera edición del primer poemario de Miguel Hernández o la máquina de escribir de Nicanor Parra. 

Y es que como el buen vino, capítulo a capítulo, también la Caja de las Letras mejora con los años, y a estos y otros recuerdos se han ido sumando los objetos personales de diferentes figuras de la cultura hispánica. Entre ellas, por su puesto, los premios Cervantes como Elena Poniatowska, Juan Gelman, José Manuel Caballero Bonald, Ana María Matute, Sergio Ramírez, Ida Vitale o Joan Margarit. 

Pero también el foco se ha desplazado, en ocasiones, de lo literario. Así, tienen su hueco entre estas blindadas paredes cineastas como Luis García Berlanga, bailarines como Alicia Alonso o Víctor Ullate, actrices como Núria Espert y Ana Belén, científicas como Margarita Salas o músicos como Luis de Pablo. 

Tesoros ya desvelados

Lo que ya no permanecerá tras el portón macizo de esta cámara acorazada, que en el pasado custodió durante años grandes fortunas y lingotes de oro, es la caja de música, la flauta y la fotografía que Mario Muchnik depositó el 24 de mayo de 2017, con la voluntad de que se abriera el 27 de junio de 2022.  Cumplido el deseo del editor y escritor argentino, estos objetos personales, junto a su colección de libros de autores españoles, se incorporarán al archivo del fallecido fotógrafo que custodiará la Biblioteca Patrimonial del Instituto Cervantes, según anunció su viuda, Nicole Muchnik.

Cápsula del tiempo, recipiente de historias, guardiana de la cultura, por La Caja de las Letras, que puede visitarse de manera virtual desde la página web del Cervantes, salen y entran recuerdos. La última vez, hace unos días, cuando el 28 de junio de este año, con motivo del Día del Orgullo, se abrió para depositar el regalo del escritor Eduardo Mendicutti, referente en la literatura homosexual en nuestro país, que dejó varias ediciones de sus obras, entre ellas de Una mala noche la tiene cualquiera, y de la librería Berkana, pionera en el género LGTBIQ+ en España y Latinoamérica.