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Narrar desde el “yo”: literatura basada en hechos reales 

Memorias, autoficciones, ensayos autobiográficos o literatura de testimonio, si se prefiere. Hay muchas formas de llamar a este fenómeno que se ha adueñado de nuestra literatura y que pone al “yo” en el centro de todo. Durante los últimos diez años, cinco en su máximo apogeo, hemos estado narrándonos, recontándonos y explicándonos a nosotros mismos. 

Libros personales, testimonios, ficciones sobre experiencias vividas, crónicas familiares o relatos de duelo copan las estanterías de nuestras librerías. Porque sí, la primera persona del singular aún tiene cosas que contar. Pero, ¿cómo es este fenómeno y cuáles son las nuevas narrativas españolas? Varios críticos literarios como Josep María Nadal Suau, Aloma Rodríguez, Juan Marqués y Jesús Ferrer nos dan su opinión sobre la ficción española hoy.

Para empezar, plantea Aloma Rodríguez, habría que cuestionarse qué significa autoficción. “Para mí, si nos ponemos puristas, la autoficción es una cosa muy concreta que hace, por ejemplo, Javier Cercas en La velocidad de la luz, donde hay un personaje que se llama igual que el autor y que cuenta cosas que no le han pasado a él”, explica. Sin embargo, apunta, “creo que lo que hay en España es más una propensión a escribir ensayo autobiográfico”, con libros como Cocido y violonchelo de Mercerdes Cebrián o El mal dormir de David Jiménez Torres, ambos publicados recientemente. 

Mirarse el ombligo

“Me resulta curioso que muchos compañeros escritores de ficción se hayan pasado a una especie de híbrido entre la novela y el ensayo –amplía–. Hay una tendencia a recurrir a la propia experiencia y a las historias basadas en hechos reales; lo que no sabría decir es cómo empezó la cosa: si viene del marketing del ‘basado en hechos reales’, si tiene que ver con el boomde la autoficción o si es que se nos ha olvidado imaginar”. 

Escritora y crítica literaria, para Rodríguez, que opina a menudo en varios medios como La Lectura, The Objective o Letras Libres, actualmente existe una tendencia a desconfiar de la imaginación, “no solo en cuanto a que lo que se cuente sea verdad o no, también en las estructuras”. 

“Veo una falta de preocupación por la forma en general. Hay mucho contarnos a nosotros mismos, mucho mirarse el ombligo, creo que es una consecuencia del ensimismamiento general, de las redes sociales y de que nos hemos convertido en producto”, analiza sobre este fenómeno que no se produce solo en España. “En Francia hay muchos libros de este tipo, que allí llaman memoirs, con autores como Valerye Mréjen, Annie Ernaux o Édouard Levé. Y en Estados Unidos, también”, puntualiza.

Contarse a uno mismo

En su misma línea, el poeta y crítico Juan Marqués, se muestra algo escéptico sobre esta tendencia. “Lo que predomina ahora, en el famoso ‘género del yo’, son memoirs escritas, como siempre, con mayor o menor talento, pero cada día más triviales: un divorcio, una mudanza, una semana en China…”, añade. 

Dentro de este subgénero, el crítico de La Lectura reconoce, no obstante, que hay títulos que merecen la pena como Cambiar de idea de Aixa de la Cruz o Amor intempestivo de Rafael Reig. No obstante, plantea: “Este es con diferencia el libro que, particularmente, más me ha gustado y atrapado de Reig, pero he leído libros suyos incomparablemente más meritorios, más ambiciosos y en cierto modo más logrados, más plenos”.  

Títulos como La conquista de Tinder, de Jimina Sabadú, donde la escritora disecciona la red social y el amor como un bien de consumo más, se dan también en este género, del que Rodríguez, por ejemplo, destaca muy particularmente el libro de Bárbara Mingo Vilnis. Un viaje alrededor de la misteriosa figura de M.K. Ciurlionis, pintor y músico que influyó profundamente en la cultura lituana moderna. “Pero no sé si hace exactamente algo nuevo con el género o no”, puntualiza. 

“Creo que quién sí le ha dado una vuelta es Natalia Carrero –señala–. Desde el principio, desde Soy una caja, desde luego con Yo misma, supongo, también con el cómic Letra Rebelde y recientemente con Otra, juega a contarse a ella misma y no. Porque en el fondo esto de la autobiografía es un poco redundante. Todos los escritos de un autor están hablando de él, de alguna manera lo contienen”.  

Buscando alternativas

Por su parte, señala el crítico de El Cultural Josep María Nadal Suau: “La llamada autoficción –una etiqueta bajo la que se ampara de todo– ha sido dominante durante al menos un lustro, y es obvio que no desaparecerá de la noche a la mañana. De un modo u otro, la invocación de experiencias reales, auténticas o genuinas como reclamo mediático/comercial sigue viva. Pero creo que los mejores frutos de esta tendencia en nuestro país ya se han publicado, y que bastantes autoras y autores empiezan a buscar alternativas”.  

En el lado opuesto de este panorama, coinciden Nadal Suau y Rodríguez, estaría el reciente éxito de Laura Fernández con La señora Potter no es exactamente Santa Claus. Un éxito que “podría tener consecuencias si las editoriales se animan a acoger este tipo de novela imaginativa, ficción pura con ramificaciones en el género fantástico. La escena literaria weird, bizarra o neofantástica en España es muy interesante, y solo está esperando que cuaje un público más amplio del que tiene actualmente”, anima Nadal Suau.  

Por su parte, que Juan Tallón haya tenido una acogida tan favorable con Obra maestra también le lleva a cuestionar al crítico “si podrían abrirse espacios para un tipo de novela “de ideas” –lo digo entre comillas, porque no sé hasta qué punto la de Tallón responde a esa etiqueta; pero sí que está cerca, claro–, novelas que propongan conceptos fuertes y los desarrollen con estructuras narrativas al servicio de ese concepto”, vaticina. 

El peligro del mimetismo

Y es que, hay vida más allá de la novelas de autoficción o del relato autorreferencial, como destaca el crítico de La Razón Jesús Ferrer que, entre las tendencias de la actual narrativa española, encuentra “la crónica periodística con estilo literario, y la fabulación de ascendencia histórica”. Además de un clásico en nuestras letras: “Aunque la Guerra Civil española y sus consecuencias no es ya un tema predominante, la mirada al pasado contemporáneo todavía despierta un mantenido interés”, sostiene. En este sentido, señala, estas nuevas narrativas se caracterizan por “su interés por la experimentación con la estructura argumental, el deseo de reflejar la cotidianidad del lector, la indagación introspectiva en la personalidad autoral y, en algunos casos, la presencia de un desinhibido humor”. 

Algo más crítico se muestra Marqués, al que le preocupa un poco el “mimetismo” de nuestros autores: “Escritores que iban a lo suyo de repente publican libros que obedecen alarmantemente a las modas. Quiero decir que quien escribía hace quince años lo que quería, sin gran éxito, reaccionó hace diez con una novela sobre la Guerra Civil, hace siete años escribió un ‘fake’ en el que jugaba con su propia vida y usaba situaciones autobiográficas mezcladas con imaginación, hace cuatro años se hizo pastor y nos contó sus experiencias en el campo, hace dos nos riñó a los hombres por lo malos que somos e hizo un homenaje a las mujeres por lo valiosas que son (algo de lo que, al parecer, se acababa de enterar) y ahora, sin saber ya qué escribir, ha tenido un hijo y nos lo explica”, comenta. 

Cabe destacar, eso sí, la presencia de escritoras jóvenes que han generado “deliberadamente o no”, un público propio, como señala Nadal Suau. “El fenómeno Panza de burro es muy representativo de lo que digo, además de una novela estupenda. Algo mayores que Andrea Abreu están Sabina Urraca o Elisa Victoria, autoras que han venido para quedarse y que están desplazando con mucha inteligencia su escritura en direcciones cada vez más ambiciosas”. 

Un panorama bien surtido

Y es que, como tercia Ferrer, además de los ya clásicos como Luis Landero, Fernando Aramburu, José Luis Merino, Rosa Montero, Luis Mateo Díez, Adolfo García Ortega, Antonio Muñoz Molina o Javier Marías, o de autores consolidados como Isaac Rosa, Cristina Sánchez-Andrade, Esther García Llovet, Juan Gómez Bárcena, Elvira Lindo, el propio Tallón, Manuel Vilas o Javier Pérez Andújar…, enumera, «destacarían nombres como Edurne Portela con Formas de estar lejos, Iván Repila con El aliado, Daniel Remón con Literatura o Galder Reguera con Libro de familia. Además de otros escritores, añade, como Javier Ors y Óscar García Sierra».

Precisamente con García Sierra, que debuta ahora como novelista en Anagrama, también coincide Nadal Suau. Para el crítico de El Cultural habría además otros nombres a tener en cuenta como “un raro como Francisco Ferrer Lerín; la controvertida Cristina Morales, que hace lo que le da gana con las posibilidades de su propio estilo; la jovencísima Elisabeth Duval, llamada a ocupar un espacio central en muchas discusiones –ideológicas, políticas y literarias– de su generación; Manuela Buriel aka Colectivo Juan de Madre, un autor parapetado tras pseudónimos cambiantes cuya obra oscila entre el manga, el transhumanismo, lo fantástico y lo filosófico; o Yaiza Berrocal con su novela Curling, llena de intuiciones críticas en torno al trabajo postcapitalista”, analiza. 

Así como Valentín Roma, Mario Cuenca Sandoval, Gonzalo Torné, Juan Gómez Bárcena o Ce Santiago, “traductor excelente forjado en el posmodernismo norteamericano cuya primera novela, El mar indemostrable, sabía aplicar las lecciones de esa corriente a los paisajes y posibilidades dramáticas del norte peninsular”.  También, añade, está Vicente Valero, “un autor elegantísimo, sabio, que construye una obra en voz baja desde la editorial Periférica, libros con atmósfera de memoria, de frase larga, preocupados por el asunto del tiempo y sus consecuencias, quizás un poco Javier Marías en apariencia”.  

Y es que, afortunadamente, como apunta Rodríguez, la lista es enorme: “Javier Pérez Andújar, Vicente Valero, Esther García Llovet, Laura Fernández, Rubén Martín Giráledez, Jorge de Cascante, Natalia Carrero, Daniel Gascón, Eva Puyó, Bárbara Mingo, Jimina Sabadú, Eider Rodríguez, Elvira Navarro, Juan Gómez Bárcena, Laura Ferrero, David Jiménez Torres, Julio José Ordovás, Isabel Bono, Isabel González, Silvia Hidalgo… por citar algunos. De manera desordenada y caótica ahí están consagrados y otros que, quizá, no lo estén tanto pero cuyo camino me interesa mucho”, señala al tiempo que menciona títulos como Malaventura, del guionista Fernando Navarro, y Azucre, de Bibiana Candia. “Tengo muchas ganas de leer Las mejores condiciones, de Manuel Pacheco, y Gente que ríe, de Laura Chivite. Me parece que Alejandro Simón Partal y Silvia Hidalgo son voces interesantes también. Me gusta lo que escribe Alba G. Mora, y he disfrutado de La princesa sois vos, la primera novela de Blanca Llum Vidal”, añade.  

En cuanto a Marqués reivindica a “tres maestros que no suelen aparecer en las listas” como son Ramón Saizarbitoria, José María Conget y Miguel Herráez. “Quien afortunadamente sí va ocupando ya el lugar que su literatura merece es Andrés Trapiello, el mejor escritor español de hoy”, valora el poeta que, entre las óperas primas destaca Mis días con los Kopp, de Xita Rubert y La parcela, de Alejandro Simón Partal. “Aparte, se anuncia para dentro de pocas semanas la primera novela de Violeta Gil, que espero con muchas ganas”, concluye. 

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