¡Suscríbete a nuestra Newsletter y recibe todas las novedades!

Y la novela se hizo teatro

Después de 42 años de representaciones, el pasado 16 de febrero, la actriz Lola Herrera dijo adiós a su personaje más emblemático en el Teatro Calderón de Valladolid. Carmen Sotillo, Menchu, la viuda que ante el ataúd de su marido desnuda su  alma en Cinco horas con Mario, se bajó del escenario. La obra se estrenó por primera vez en noviembre de 1979 en el Teatro Marquina de Madrid. La puesta en escena llevaba la firma de Josefina Molina y la producción corría a cargo de José Sámano. Miguel Delibes (1920-2010), autor de la novela del mismo nombre, dudó al principio que ésta pudiera adaptarse al teatro. Se equivocaba. También hubo versión teatral de sus títulos La hoja roja, Las guerras de nuestros antepasados y Señora de rojo sobre fondo gris.

Sobre las tablas hay muchas obras de teatro que primero fueron libros creados únicamente para ser leídos y, hoy en día, toman vida con protagonistas de carne y hueso. La última de ellas, 23-F. Anatomía de un instante. Una propuesta de teatro documento”, según la definición de su director, Àlex Rigola, que parte de la obra de Javier Cercas Anatomía de un instante (Mondadori, 2009). Autor y director han trabajado mano a mano en la adaptación del texto que disecciona  el momento en que Adolfo Suárez permaneció sentado en su escaño aquella tarde del 23 de febrero de 1981, mientras los demás parlamentarios, a excepción del general Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, buscaban refugio bajo la bancada de las balas de los golpistas que resonaban en el hemiciclo del Congreso de los Diputados.

El trasvase de textos narrativos a los escenarios es continuo, sobre todo de los considerados “clásicos”. Son muchos los productores y directores que han decidido convertir las obras de Miguel de Cervantes en piezas teatrales únicas e irrepetibles. Su Quijote ha sido adaptado innumerables veces, incluso al musical, como en  El hombre de La Mancha. Hemos disfrutado en varias ocasiones —y seguiremos haciéndolo— de Rinconete y Cortadillo, La española inglesa, Las dos doncellas y El coloquio de los perros, algunas de las historias más famosas de sus Novelas ejemplares publicadas como colección en 1613.

Benito Pérez Galdós es otro de nuestros autores más dramatizados. Él mismo se encargó de llevar al teatro algunas de sus novelas, como sucedió con Gerona, la séptima entrega de la primera serie de los Episodios Nacionales. Estrenada en el madrileño Teatro Español el 3 de febrero de 1893, fue uno de sus mayores fracasos sobre el escenario. Obtuvo mejores críticas con El abuelo, publicada en 1987 como novela dialogada, como si fuera una obra de teatro, aunque inadecuada para ello dada su longitud. Posteriormente la condensó y la adaptó a pieza dramática propiamente dicha, en cinco actos y con el mismo título, siendo estrenada en el Español el 14 de febrero de 1904.

En el prólogo de la edición original de El abuelo, Galdós ya informaba con claridad de sus intenciones:

El que compone un asunto y le da vida poética, así en la Novela como en el Teatro, está presente siempre: presente en los arrebatos de la lírica, presente en el relato de pasión o de análisis, presente en el Teatro mismo. Su espíritu es el fundente indispensable para que puedan entrar en el molde artístico los seres imaginados que remedan el palpitar de la vida”.

Inolvidable fue su Fortunata y Jacinta, que no se subió a las tablas hasta el año 1969 gracias a la adaptación escénica de Ricardo López Aranda. Lola Herrera se metió en la piel de Jacinta, Nati Mistral interpretó a Fortunata y Sancho Gracia a Juanito. En 1970 fue llevada al cine por Angelino Fons y diez años después, Televisión Española produjo y emitió otra adaptación, esta vez para la pequeña pantalla, del director Mario Camus. En esta ocasión Ana Belén era Fortunata, Maribal Martín, Jacinta y Charo López dio vida al personaje de Mauricia la Dura.

Otras cinco de sus novelas también se hicieron teatro: Realidad —estrenada en el Teatro de la Comedia de Madrid el 15 de marzo de 1892, con un reparto encabezado por María Guerrero—, La loca de la casa, Casandra, Doña Perfecta y Zaragoza.

A lo largo del siglo XX y XXI han sido numerosas las carteleras que han cedido su protagonismo a las dramatizaciones: Insolación, de Emilia Pardo Bazán; La Celestina, de Fernando de Rojas; El lazarillo de Tormes; La Dorotea, de Lope de Vega; Novelas amorosas, de María Zaya; Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán…

Pero no solo de “clásicos” vive el teatro. Fernando Fernán Gómez es el autor de la exitosa novela y posterior película El viaje a ninguna parte. Publicada en 1985, parecía inevitable que esta historia protagonizada por una compañía de cómicos que viaja por los pueblos de Castilla-La Mancha se subiera a los escenarios.

Almudena Grandes, una de nuestras escritoras contemporáneas más leídas, vio como Atlas de geografía humana (1998) primero era llevada al cine por Azucena Rodríguez y, posteriormente, a los escenarios en una adaptación de Luis García-Araus y bajo la dirección de Juanfra Rodríguez. Se estrenó en el Teatro María Guerrero en 2012 y ha sido reprogramada en varias ocasiones.

Bernardo Atxaga publicó en 2003 la novela El hijo del acordeonista (en euskera, Soinujolearen semea), en la que realiza un recorrido por los momentos más dramáticos de la historia reciente del País Vasco a través de la amistad de dos jóvenes. Su versión teatral, dirigida por Fernando Bernués, se estrenó en euskera y en castellano en el año 2012 en el Teatro Arriaga de Bilbao.Nuestras librerías y bibliotecas están llenas de historias dispuestas a subirse a las tablas. Como dijo Federico García Lorca:El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre”.

¡Suscríbete a nuestra Newsletter!

Recibe todas las novedades de la Feria del Libro de Fráncfort.